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Vengo de muy lejos, a vivir aquí

Los tiempos cambian, y a veces pareciera que después de un periodo de evolución podemos involucionar. Por eso es no es una mala idea darle un valor importante a lo que sucedió en nuestro país hace 54 años, cuando el sello independiente Disc Jockey decidió editar “La Biblia”, la primera obra conceptual del rock argentino y -a esta altura de la historia- una de las más grandes obras de la música popular de nuestro país.


Lo primero que hay que decir entonces es que el disco se tuvo que abrir paso a través de un montón de parámetros culturales y sociales desfavorables entre los cuales podemos citar:


  • Que lo impulsaba una banda del conurbano (Vox Dei era de Quilmes hasta el tuétano) en una época en donde el reinado de los músicos de rock “aceptados” era bien urbano capitalino.


  • Que lo promocionaba y financiaba desde lo artístico y económico un contracultural total: Jorge Álvarez, personaje clave para nuestra cultura en los 60's y 70's, que hoy sería prendido fuego en la hoguera de twitter por los “valientes” libertarios de 280 caracteres ya que era culto, gay, sensible socialmente y zurdo, cuatro cosas que esos micos parlanchines detestan.


  • Que se la única posibilidad para editarlo fonográficamente era Disc Jockey, un sello independiente, menor, nacido de otro ser especial: Rodriguez Luque, un productor y conductor de radio que creyó en el rock en Argentina desde los 50, cuando nadie le apostaba ni medio mango al género.


  • Que había que convencer a la curia de la dictadura de Lanusse que lo que se estaba por editar era una obra respetuosa de los cánones conservadores que imponía la iglesia católica por aquel entonces.


  • Que iban a tocar una temática religiosa oficial y hasta “ortodoxa” si lo analizamos bajo la perspectiva de que ellos eran rockeros, una tribu que con las religiones oficiales poco y nada querían tener que ver.


  • Que había que sumar al proyecto arregladores y orquestadores que negaban de plano al rock, acusándolo de género menor y decadente.



Todas estas vallas fueron saltadas de manera olímpica por el cuarteto de Quilmes con la naturalidad y frescura que te da la juventud y su maravillosa potencia para la creación y la persecución de un anhelo creativo. Decía Willy Quiroga sobre cómo fueron creando esta versión ópera rock de la Biblia:


“Cuando le caímos (a Jorge Álvarez) con La Biblia dijo 'vamos para adelante, no piensen en nada'. No tuvimos productores que nos decían qué hacer, nosotros siempre hicimos lo que se nos cantó”.


Y Ricardo Soulé da detalles precisos de cómo se dejaron atravesar por lo que querían contar con la obra, mucho más allá de lo que ese texto (tan sagrado como controlado por las corporaciones religiosas) exigía:


“Al principio pensé que debía encarar los textos de la Biblia en forma dogmática. Sin poner nada de mí. Pero eso era imposible por varios motivos... Decidí entonces que tenía que jugarme. Dar un poco la cara ya que había decidido afrontar el tema. No tenía otra salida que elaborar mi propia interpretación de las escrituras. Contar lo que ocurre en la Biblia pero tal como yo lo sentí al leerla. La obra está enfocada desde el punto de vista humano, no desde un ángulo ortodoxamente religioso... Cuando me puse a trabajar en esto me di cuenta que, por ejemplo, San Juan antes de ser 'San' simplemente era Juan: un hombre como vos y como todos los que estamos aquí... A Jesucristo lo hago hablar como el hijo del hombre. Me da bronca que a Jesús lo hayan encarado como algo sobrenatural. Simplemente era magnífico como hombre. Siempre tuve sobre él una misma idea. Y lo trasladé a los textos de nuestra obra: me lo imagino como un muchacho con ideas radicales, revolucionarias. Pero también con debilidades”.


Mal no les fue con su punto de vista, ya que cuenta Soulé que los actores más conservadores de la iglesia llegaron a decirle en la reunión clave entre la banda y el episcopado -para aceptar oficialmente al disco como “permitido”, o no- que: “A nosotros nos hubiera costado tres horas explicar qué es Dios y vos apenas con un silogismo lo conseguiste”.

El tiempo se ha encargado de mostrarnos que en la música popular, una idea con fuerza creativa siempre debe tener su espacio y recorrido permitido, sobre todo si se realiza con claridad, porque puede que nazcan clásicos inmortales, o al menos buenas expresiones que la gente sabrá valorar y disfrutar por siempre.


La Biblia de Vox Dei es uno de los más claros ejemplos.


Felices 54 años a un disco tan espiritual como mundano, tan inter religioso como social. Felices 54 años al disco que nos enseñó -entre otros asuntos trascendentales- que buenas y malas son las cosas que vivimos hoy, pero rendirse frente a eso, no estaría nada bien.




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