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Un escarabajo llamado Lucía




La historia de Lucía Espeche navega con otras historias de músicos que andan por el mundo. Su instrumento, el chelo, es una proyección de su cuerpo y andar con él sobre sus espaldas es una carga amorosa que le ilumina el rostro. Ella goza de una particularidad: es integrante del cuerpo de músicos de la Orquesta Sinfónica de la Provincia de Neuquén que dirige el maestro Andrés Tolcachir, desde hace varios años.

Ese lugar lo ama y respeta con una presencia notable: su cuerpo delgado inclinado sobre las cuerdas y el rostro serio como hablando en la intimidad de esa relación y escuchando las notas que le devuelve con profundo sonido.


Lucia es hija única, nacida en Buenos Aires, con padres muy reconocidos en el ámbito musical. La madre es Beatriz Feldman, concertista de piano, Master en Valencia y profesora en el Instituto Manuel de Falla en Argentina. Su padre es Juan Espeche, un famoso luthier entre los músicos del país y el exterior. De distintos puntos del planeta, llegan instrumentos a él para reparar, renovar, evaluar su estado, siendo elegido por los más exigentes en la materia.


“Cuando era niña me hablaban como adulta”, confiesa Lucía , “en mi casa viví rodeada de músicos y a los ocho años me enviaron a estudiar piano”, recuerda, agregando que no era de su interés ese instrumento. Hubo otras propuestas para la formación de Lucía, entre las que estaban estudiar inglés, alemán, francés, “todas fracasadas” asegura y agrega: “Hubo muchas exigencias desde muy chica, hubo un yunque en el tema de logros”, reflexiona seria. ¿Será ese yunque el que la llevó de la mano para llegar hasta aquí?. Pero hubo más, mucho más, reconociendo la rebeldía que habitaba en ella “muy adentro mío”, señala, con el gesto de la mano al pecho.



Las cuerdas eran su destino: un pequeño violín, regalo de su papá, la llevó a seguir el rumbo. “Un día mi papá me llevó con él a buscar a mi mamá al Conservatorio y pasé por un lugar de donde salía el sonido de un chelo, y lo decidí ahí mismo: eso es lo que yo quería tocar”.


Pasaron los años y a los 20, ingresa en la UBA para estudiar comunicación, “pensaba que debía tener un título habilitante para algo, pero empecé a extrañar la música y no pude seguir”.


Lucía seguía a su voz interior, la que le indicaba que la música sería su compañera, su destino.


“En una oportunidad se abrió un concurso en para integrar la Orquesta de Cámara del Congreso Nacional. Faltaban 15 días y aún sin preparación adecuada me anoté y participé del mismo, recuerda, ante la ausencia de mis padres que habían viajado”. Era un guiño que Lucia le hacía a su destino: “lo hice mal, pero cuando salí ahí me convencí de lo que amaba realmente era el chelo”.


Lucía es una mujer joven (37 años) muy segura de sí misma, con experiencias abordadas desde su particular estilo. Vivió en Venezuela algunos años y trajo en sus entrañas amor por todo lo aprendido en las expresiones populares. “Me siento segura con la comunicación que brinda la música al ser atemporal y efímera, hace que le tenga menos miedo al paso del tiempo”.


Hay en su historia mucha lectura de filosofía, cuentos, “ me gusta mucho Artaud y creo que por eso me acerqué mucho a Spinetta”, afirma.


Lucia despliega su costado de humor en frases inventadas en el momento y rie con prudencia, marcando algunas definiciones que les son propias como: “la música sirve para escucharnos, para disfrutar la convivencia de lo diferente, es una antena espiritual”, y sonríe cuando hace un breve balance de lo que vive actualmente: “estoy más tierna, más nostalgiosa y más belicosa!”



Se llama Lucía Espeche, y como escarabajo anda por las calles de Neuquén y en cuanto espacio musical se le ofrece. Pertenece al Cuarteto de Cuerdas Confluencia con Mauricio Aramayo, Arón Vera, Gustavo Castillo, además de la Orquesta Sinfónica. Pertenece a un grupo de trabajo de seis chelistas que están distribuidos en Barcelona, Alemania, Vietnam y Venezuela. “Estamos trabajando el lado B de la música con preparación del cuerpo y voz propia, investigando, el grupo se llama NODO, con la mirada puesta en la música latinoamericana, preparando podcast y por otra parte me gusta la potencia del rock y también estoy en ese camino”.


Lucía agrega a su historia una experiencia que la llena de placer, es el dúo con un músico que toca la mandolina, Juan Pablo Barbona, y que ya suenan ritmos de jazz y música de Brasil para invadir el aire siempre nuevo.


Lucía Espeche, inteligente, observadora, inquieta, música, el mejor título adquirido desde su relevante creatividad. Una escarabajo llena de sonidos.

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